Columna del exministro de Justicia publicada en el diario La Tercera.
El debate sobre la necesidad de promover una batalla cultural en el entorno del actual gobierno, despierta el interés de algunos y la abierta renuencia en otros. Por definirse como “gobierno de emergencia”, sus conductores han evitado esa discusión. Pero eludirla no ha impedido progresar en otro frente: la batalla de las ideas.
El ámbito donde este impulso es más nítido es el económico. La “megarreforma” -rebaja de impuestos corporativos, invariabilidad tributaria, repatriación de capitales, exención de IVA a viviendas nuevas, fomento al empleo formal, simplificación regulatoria contra la “permisología” y normas de reconstrucción- no es solo un paquete técnico para reactivar la economía. Expresa una tesis: quien debe liderar el crecimiento no es el Estado, vía mayor gasto, tributación y regulación, sino el emprendimiento privado.
El diagnóstico detrás de esa tesis se apoya en la experiencia reciente: el estancamiento coincidió con la expansión del gasto público, alzas tributarias y la proliferación de permisos, sin que ese mayor Estado se tradujera en más crecimiento ni en mejor recaudación. La correlación no prueba por sí sola la causalidad, pero sí desmonta el supuesto de que más Estado garantiza mejores resultados. De ahí la inversión de la lógica: no “más impuestos para crecer”, sino “a mayor crecimiento, mayor recaudación”. Los impuestos siguen al crecimiento, no lo preceden ni lo generan.