Columna en El Líbero del abogado y exrector de la Universidad Adolfo Ibáñez.
El proyecto de reforma constitucional presentado por el Gobierno contra la delincuencia ha sido calificado, una y otra vez, como “iliberal” o simplemente como “no liberal”. Especialmente por la longitud que podría tener un estado de excepción dictado unilateralmente por el Presidente de la República. Pero ¿qué significa ser liberal para entender después por qué algo pueda ser calificado de “iliberal”? La palabra liberal tiene, sin duda, relación con “libertad” por lo que liberal vendría así a ser partidario de la libertad, lo cual parece ser muy razonable. Pero ¿de qué libertad estamos hablando? Veamos las opiniones de Carlos Peña y de Agustín Squella en sus últimas columnas publicadas en El Mercurio.
Carlos Peña en su columna “Ha llegado carta” sostiene que, si bien Kast avanza algunas ideas que aparentemente son partidarias de la libertad, las ata, sin embargo, a un conjunto de valores y creencias provenientes del cristianismo. En esa hipótesis, continua Peña: “La democracia, la libertad o libertades, y el Estado de Derecho descansarían y encuentran su fundamento en una cierta cultura subyacente”. Lo cual, siempre para Peña, es incompatible con la verdadera libertad “que supone el derecho de las personas a abandonar su identidad étnica, religiosa o lo que fuera”. Kast y su gente, en cambio, según él, “piensan que la libertad no equivale a una simple autonomía…”. Algo similar había sostenido Agustín Squella en “¿Iliberales o Antiliberales?”: “La más amplia dimensión ética del liberalismo, consistente en la autonomía de los individuos para formarse y adoptar creencias acerca del bien y de lo que debe hacerse para lograrlo”.