Desde la filosofía y la ética, en la sesión ordinaria de octubre la doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra, María Alejandra Carrasco Barraza, y el doctor en Filosofía por la Eberhard Karls Universität Tübingen, Daniel Loewe Henny, reflexionaron sobre la eutanasia, el suicidio asistido y los valores que sustentan el debate en torno a estas prácticas.
El lunes 26 de octubre de 2026, la Academia celebró su sesión ordinaria del mes, en la que expusieron la profesora de Antropología Filosófica y Ética en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de los Andes, María Alejandra Carrasco Barraza, y el profesor titular de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez, Daniel Loewe Henny, quienes abordaron la eutanasia y el suicidio asistido desde distintas perspectivas filosóficas y éticas. Durante sus exposiciones, analizaron los fundamentos de estas prácticas, los valores de la autonomía y el bienestar, el papel de la compasión y los cuidados paliativos, así como las implicancias que su eventual regulación plantea para la protección de las personas más vulnerables.
La primera en intervenir fue la doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra, María Alejandra Carrasco, quien explicó que “la eutanasia se define por la intención de matar. Es decir, si existe esa intención, hay eutanasia. Su justificación se basa en reducir el sufrimiento del paciente, donde el valor que subyace es la compasión; mientras que el consentimiento otorgado por el paciente se sustenta en el valor de la autonomía. Y esto es súper, súper importante, porque ambos valores, compasión y autonomía, son esenciales en nuestra cultura”.
Asimismo, agregó que “los estudios realizados en países donde la eutanasia está permitida muestran que muy pocas personas la solicitan debido a dolores insoportables. Generalmente, lo hacen por miedo, cansancio, deseo de controlar la muerte o porque sienten que su vida ya no tiene sentido, que son una carga o que sobran en el mundo. Entonces, me parece que la verdadera compasión, es decir, un verdadero acto de amor hacia quien sufre, conduce a los cuidados paliativos. Morir dignamente significa sentir que la propia vida vale y que importa hasta el final”.
Al concluir su exposición, Carrasco advirtió que “la eutanasia no es una opción para que cada cual decida libremente, porque presiona a las personas más vulnerables. Tampoco es un acto de compasión hacia quien sufre, porque lo obliga a preguntarse cuánto está costando y cuánto le está costando a su familia. Finalmente, tampoco protege la autonomía del ciudadano en un Estado de derecho, porque precisamente desprotege a los más débiles. En ese sentido, no es una ley igualitaria, sino una política pública regresiva”.
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“Es evidente que hay un interés social muy grande en poder controlar las condiciones de la propia muerte”
Posteriormente, intervino el doctor en Filosofía por la Eberhard Karls Universität Tübingen, Daniel Loewe, quien explicó la diferencia entre el suicidio asistido y la eutanasia: “¿Qué es el suicidio asistido? En este caso, se presentan dos características: la intención letal y la causalidad letal. Sin embargo, la agencia, es decir, quien pone en movimiento la causalidad que provoca la muerte, corresponde a la propia persona que muere. En la eutanasia también están presentes estas dos características, la intención letal y la causalidad letal, pero quien pone en movimiento esa causalidad es un tercero, por ejemplo, un médico al aplicar una inyección letal”.
Además, enfatizó que “es evidente que existe un gran interés social en poder controlar las condiciones de la propia muerte. Si tenemos interés en vivir de una determinada manera, de acuerdo con nuestras convicciones y valoraciones, también tenemos interés en poder morir de cierta manera, conforme a nuestras valoraciones y consideraciones fundamentales. Nada de lo dicho significa que la eutanasia o la muerte asistida deban quedar sin control ni regulación. Pero quiero que eso se entienda. ¿De qué hablamos cuando hablamos de eutanasia y qué argumentos existen a su favor? Yo diría que se trata de dos valores que ya reconocemos en las prácticas clínicas y médicas: el bienestar y la autonomía”.
En sus palabras finales, Loewe afirmó que “si estamos de acuerdo con prácticas clínicas aceptadas hoy en día, como la muerte indirecta y la doctrina del consentimiento informado, es porque reconocemos dos valores fundamentales, la autonomía y el bienestar, y aceptamos su aplicación en el contexto médico. Si estamos de acuerdo con ello, seguir el razonamiento sobre el suicidio asistido hasta llegar a la eutanasia es una cuestión de coherencia lógica”.