Sesiones

Delincuencia, un desafío permanente (bandas criminales, narcotráfico, cooptación y formación de adolescentes)

En la sesión ordinaria de junio, el profesor de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Juan Pablo Luna, y el director del Centro Justicia & Sociedad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Eduardo Valenzuela, examinaron los desafíos que plantea el avance del crimen organizado para la democracia y el Estado de derecho, junto con las distintas aproximaciones al debate sobre seguridad pública y política criminal.

El lunes 22 de junio de 2026, la Academia celebró su sesión ordinaria del mes, en la que expusieron el Diamond Brown Chair in Democratic Studies en la Universidad de McGill, Canadá, Juan Pablo Luna, y el director del Centro Justicia & Sociedad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Eduardo Valenzuela, quienes reflexionaron sobre quienes reflexionaron sobre la evolución del crimen organizado y las transformaciones que este fenómeno ha provocado en la relación entre Estado, sociedad y democracia, abordando tanto sus implicancias políticas como los desafíos que plantea para las políticas de seguridad y el sistema institucional.

El primero en intervenir fue el profesor titular visitante de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Juan Pablo Luna, quien señaló que “lo que estamos viendo es una disrupción causada por dos shocks bastante recientes en el caso de Chile. Uno es la expansión de los mercados ilegales e informales, mucho más allá de la droga. Y el segundo factor, que está generando una disrupción relevante, tiene que ver con las plataformas tecnológicas que facilitan la expansión de esos mercados”.

Asimismo, agregó que “yo creo que lo que estamos viendo es un problema más grande que el narcotráfico, más grande que los mercados ilegales. Creo que nuestro paradigma de modernización y nuestro paradigma de modelo de desarrollo anclado en capital humano, en educación, está interdicto en cierto sentido. Creo que esto también cuestiona y genera incomodidad a la política para funcionar en torno a las preferencias y a la estructura de preferencias que hoy tienen estas sociedades”.

Al concluir su exposición, Luna advirtió que “hoy estamos acostumbrados a pensar la competencia política y en el capitalismo democrático entre Estado y mercado. Y hoy lo que tenemos son generaciones que, más que ejercer la voz, están saliendo y desertando del Estado y del mercado. Y están jugando un juego que la política no puede interpretar, no puede representar, no puede vertebrar en términos de transferir el tipo de intereses y preferencias que se generan en esta nueva sociedad a las arenas institucionales”.

Nuestra representación del crimen comienza a ser intensamente punitiva

Posteriormente, intervino el profesor de la Escuela de Gobierno de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Eduardo Valenzuela, quien sostuvo que “se discute actualmente, y justamente por eso, la amplitud que tienen que tener las atribuciones policiales para pesquisar y detener a una persona. Hay quienes propician que esas facultades policiales se extiendan, se amplíen. Hay otros que consideran que es contraproducente, pesquisar y detener demasiado a estos muchachos jóvenes”.

Asimismo, afirmó que “nuestra representación del crimen, comienza a ser intensamente punitiva. Le adjudicamos todas las responsabilidades a los individuos que cometen el delito, y tenemos esta reacción punitiva que es la que no, creo yo, prevalece en la actualidad. Esta imagen de que el crimen es un mal deliberadamente cometido por algunos individuos y que merece, en tanto plenamente responsables del mal que cometen, las sanciones más duras posibles”.

En sus palabras finales, Valenzuela enfatizó que “el crimen o nuestra representación social del crimen, está hoy modelada no por el criminal solitario sino que más bien, está vinculada al crimen organizado de esta manera, a la organización y a la violencia criminal, y detrás de eso viene toda esta reacción punitiva sobre la cual los sociólogos y los criminólogos, sin embargo, tenemos harto que decir en contra”.