Sesiones

Cambio demográfico en Chile: su impacto en la vida de las personas y de la sociedad

En la sesión ordinaria de junio, el máster en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard, Estados Unidos, Juan Carlos Eichholz Correa, y el rector de la Universidad San Sebastián, Carlos Williamson Benaprés, analizaron las profundas transformaciones demográficas que enfrenta Chile, poniendo especial énfasis en la caída de la natalidad, el aumento de la expectativa de vida y la necesidad de adaptar las estructuras económicas y sociales a una población cada vez más envejecida.

El lunes 27 de junio de 2026, la Academia celebró su sesión ordinaria del mes, en la que expusieron el profesor titular de la Escuela de Negocios en la Universidad Adolfo Ibáñez, Juan Carlos Eichholz, y el exprorrector en la Pontificia Universidad Católica de Chile, Carlos Williamson, quienes reflexionaron sobre los desafíos que plantea para Chile el cambio demográfico, marcado por la disminución de la natalidad, el envejecimiento de la población y sus consecuencias económicas, sociales y familiares.

El primero en intervenir fue el máster en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard, Estados Unidos, Juan Carlos Eichholz, quien señaló: “Me parece importante resaltar, en este sentido, un hecho inédito que, a mi juicio, cambia la naturaleza del desafío: nunca antes tantos países habían envejecido y comenzado a achicarse al mismo tiempo, no porque una guerra, una peste o una hambruna los despoblara, sino porque nacen persistentemente menos personas de las que mueren. Nunca, visto así, el decrecimiento y el envejecimiento se habían dado juntos. […] No estamos, entonces, ante una versión más aguda de un problema conocido, sino ante algo que la humanidad no había enfrentado nunca. Y eso debería hacernos cuestionar, al menos inicialmente, las soluciones conocidas”.

Asimismo, agregó que “se pueden establecer bonos y subsidios económicos que mejoren las condiciones materiales e incentiven la natalidad, sí, pero todo indica que su alcance será exiguo. Se pueden aprobar leyes y promover medidas que cambien las condiciones culturales, a nivel empresarial y familiar, haciendo más compatible el trabajo con la crianza, sí, pero todo indica que estarán lejos de ser suficientes para revertir el decrecimiento de la población. ¿Qué más, entonces? Quizás reconocer que el problema del decrecimiento de nuestra población es muy difícil de revertir en un horizonte previsible, y que, a lo sumo, podemos ralentizarlo para ganar tiempo frente al problema que sí podemos y debemos enfrentar: el del envejecimiento, que requiere un esfuerzo adaptativo masivo”.

Al concluir su exposición, Eichholz advirtió que “la pregunta central para Chile, por lo tanto, no es cómo conseguir que nazcan más niños, sino cómo organizar una sociedad con una población menguante y más vieja, con hogares más pequeños y con redes familiares de cuidado cada vez más débiles. La primera pregunta pone el acento en el problema del decrecimiento de la población; la segunda lo pone en el problema de su envejecimiento. […] Aferrarse únicamente a la primera puede sostener por algún tiempo un orden cada vez más disfuncional. Asumir la segunda es entrar de lleno en el desafío adaptativo que plantea la encrucijada demográfica”.

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“Las generaciones jóvenes no han renunciado al deseo de familia”

Posteriormente, intervino el rector de la Universidad San Sebastián, Carlos Williamson, quien sostuvo que “el cambio demográfico impacta en la provisión de bienes sociales, que puede afectar la vida de las personas, y las personas, en su entorno familiar, también experimentan las consecuencias de la caída en la tasa de maternidad. El severo cambio demográfico que estamos enfrentando es simultáneamente una presión económica estructural y una transformación en las condiciones para las cuales se desarrolla la vida humana. Por primera vez en la historia moderna, la humanidad crece no porque nace más gente, sino porque se ha prolongado la vida y las personas viven más tiempo”.

Asimismo, se preguntó qué sucede en Chile. “La caída de la fecundidad no es una anomalía pasajera, es el resultado de transformaciones estructurales que en Chile operan simultáneamente. Tiene raíces culturales y económicas y su evolución no es pareja por segmentos económicos. […] La historia muestra que las tasas de fecundidad pueden recuperarse. Las crisis demográficas no ocurrieron antes en la historia. Las crisis radicales obligaron a las civilizaciones a preguntarse qué es lo esencial, qué merece ser transmitido, qué vale la pena construir. Chile y el mundo están entonces ante esa pregunta”.

En sus palabras finales, Williamson enfatizó que “las generaciones jóvenes no han renunciado al deseo de familia. Las encuestas en Chile y en países con baja natalidad muestran que el número de hijos deseados supera al número de hijos tenidos. La brecha entre deseo y realidad no es tanto de valores, sino de condiciones. Esa es una señal de esperanza genuina. No hay que convencer a nadie de no querer hijos. Hay que remover los obstáculos que impiden tenerlos. Por lo tanto, cabe tener una dosis de optimismo. Pero no basta el optimismo. Es preciso acompañar los buenos deseos con una dosis de esperanza, que no es lo mismo”.