Habla la ciudadanía

Carlos Huneeus: “Una generación fracasada”

Columna del director del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), publicada en El Mercurio.

En un acto del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), a partir de una cita de León XIV en su reciente encíclica —cada generación hereda la tarea de dar forma a su propio tiempo—, Eugenio Tironi (1951), en su columna “Tragedia propia” (“El Mercurio”, 30 de junio), reflexiona sobre la herencia que su generación heredó del golpe de Estado.

Sostiene que el 11 de septiembre de 1973 “cayó el sistema de ideas que daba forma a nuestro tiempo” y que “el trauma nos otorgó libertad para cuestionarlo todo”: su generación abandonó el marxismo, asumió la democracia como mero instrumento de la lucha de clases y el relativismo frente a los derechos humanos. Y traza un paralelo con la generación del IES, a la que exige reconocer la dictadura como parte de su historia; mientras no lo haga, afirma, no tendrá autoridad para dar forma a su tiempo.

El planteamiento carece de sentido. La generación del IES nació bastantes años después del golpe: su director, Claudio Alvarado, once años más tarde. ¿Por qué habría de asumir esa “tragedia” si ni siquiera vivió la dictadura?

Pero la biografía política de Tironi no comienza en 1973. El abandono del marxismo fue su segunda conversión. La primera ocurrió antes, cuando dejó el cristianismo y su adhesión a la democracia para abrazar el marxismo y el leninismo, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970): con la reforma agraria, la sindicalización campesina y la promoción popular, cambios que transformaron la historia de Chile.

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