Columna del exministro de Justicia publicada en el diario La Tercera.
La caída de Nicolás Maduro ha generado un palpable alivio en los más amplios sectores. Una dictadura que ha devastado las instituciones y la economía de Venezuela, que ha torturado, ejecutado y encarcelado a miles de compatriotas, traficado drogas y exportado crimen organizado, parece llegar a su fin. El mundo inicia 2026 con renovadas esperanzas. Sin embargo, este cambio deja un rastro de inquietudes que no podemos ignorar.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido el gobierno, lo que plantea preguntas sobre la continuidad del régimen bolivariano. ¿Estamos ante un simple cambio de fachada? Es posible que lo que está ocurriendo sea una transición pactada, liderada por quienes han sojuzgado al país. Tal vez a cambio de impunidad, ellos podrían controlar a las FF.AA. y sofocar levantamientos populares, mientras pavimentan el retorno a la normalidad. Pero, ¿podemos confiar en que sentarán las bases de una democracia estable? El olvido de quienes triunfaron en las elecciones de julio de 2024 (González y Corina), ¿es para asegurar gobernabilidad y permitir su retorno? ¿O es el petróleo?
La falta de antecedentes conocidos rememora lo ocurrido en otros contextos, como Irak o Libia, donde intervenciones externas llevaron a resultados muchas veces desastrosos.