Columna del Arzobispo de Santiago, en El Líbero.
En la presentación de la primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, el cofundador de la empresa tecnológica Anthropic, Christopher Olah –invitado por el Vaticano– entregó un discurso que ha dado para pensar.
Este hecho refuerza la idea de que la Iglesia dialoga con la ciencia y la tecnología y que la valora cuando promueve el bien del ser humano y es motivo de mayor justicia social. La Iglesia demuestra con este gesto que quiere escuchar, conocer y saber más, para luego pronunciarse sobre los temas que incumben a la humanidad. Los temas vinculados a la contribución que realiza la fe y razón en la búsqueda de la verdad, y el vínculo que existe entre la dimensión ética de la ciencia y la tecnología del hacer humano, forman parte de su quehacer cotidiano en sus universidades y academias científicas y humanistas.
El discurso es brutal –sí, brutal–, y además una clase magistral de cómo –lamentablemente– se mueve gran parte del mundo, especialmente quienes ostentan el poder. Su breve diagnóstico se caracteriza por un realismo y una sinceridad que emociona y da esperanza. Al mismo tiempo, es un discurso donde manifiesta una gran humildad al pedir ayuda para garantizar que los beneficios de la IA lleguen a todos y cómo en este nuevo contexto hacer florecer a la humanidad.