Columna de la investigadora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), en El Líbero.
El lunes salió la primera encíclica del Papa León, que generó alta atención e interés porque trataría de las nuevas «cosas nuevas», en directa alusión a Rerum novarum, la célebre encíclica social de León XIII y que lo inspiró en su elección de nombre. Si hoy presenciamos –tal como en 1891– una revolución tecnológica, León XIV también busca ofrecer una reflexión a la altura de las circunstancias. Pero cuando el actual obispo de Roma fue elegido, no sólo habló de inteligencia artificial en su primer discurso, sino que también rogó por una paz «desarmada y desarmante». Y en coherencia, también trató el tema de la guerra en su nueva encíclica, en particular la noción de guerra justa.
Hay muchos frentes que se abren a partir de los planteamientos del Romano Pontífice, pero quisiera detenerme sólo en aquellos que remiten casi explícitamente a sus enfrentamientos mediáticos con el gobierno estadounidense a propósito del conflicto bélico con Irán, en particular en el numeral 192. Ahí el Papa describe un elemento «nuevo y decisivo» de la guerra hoy, que, por supuesto, también guarda relación con la revolución digital. Parte de la base de que las redes de comunicación y los algoritmos premian el enfrentamiento y, en consecuencia, amplifican la polarización y el resentimiento, aceleran la propaganda y dificultan el discernimiento común de las personas. Así, «la guerra no sólo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo. Cuando se atenúa la memoria histórica y se debilitan los criterios éticos que protegen a los civiles y a los más frágiles, se vuelve más fácil presentar la violencia como necesaria, inevitable o incluso limpia».