El académico de número aborda los riesgos económicos que generan la inflación y el desempleo, en su columna del diario Estrategia.
Existen dos grandes males asociados a resultados económicos: inflación y desempleo. Si se revisa la historia económica, ambos fenómenos aparecen como una sombra que afecta agudamente a la población, subyace a muchas protestas y afecta al normal desempeño de las propias variables económicas. La inflación carcome el ingreso real de las familias, disminuyendo su poder adquisitivo y generando una sensación de inseguridad que puede llevar a consecuencias graves como el sobreendeudamiento o, derechamente, la caída de su capital y en calidad de vida. El desempleo, por su parte, es también determinante de una caída en el ingreso personal y familiar y conduce a un desmejoramiento en las condiciones de vida además de causar un deterioro en el capital humano y en el ámbito psicológico. Son dos situaciones que no necesariamente se dan en forma simultánea, aunque a veces lo hacen constituyendo un factor que provoca un destructivo impacto social y económico.
Durante el siglo XX Chile vivió ambas situaciones en forma determinante. La inflación fue un fenómeno recurrente, que requirió incluso algunas acciones de contención en presencia de crisis como la financiera de los años treinta, las derivadas de la guerra mundial o la expansión monetaria sin sustento real de comienzos de los años setenta. El desempleo hizo estragos precisamente como resultado de las crisis financieras, pero también producto del ajuste que requería la economía para contener una hiperinflación. A partir de estas experiencias surgieron dos lecciones de fundamental trascendencia que el país no puede olvidar. En primer lugar, la necesidad de mantener prudencia en materia monetaria, tarea ahora entregada al Banco Central de Chile, puesto que de ella dependerá la necesidad de mantener el gasto alineado con el ingreso. Lo segundo se refiere a la importancia clave de mantener un crecimiento económico suficiente para crear empleo, lo cual requiere atender las condiciones necesarias para promover la inversión.