El académico de número examina el nombre, origen y trayectoria del nuevo papa de la Iglesia católica en una columna de El Mercurio.
Hay varias cosas que destacar del nuevo Papa León XIV.
Desde luego el nombre. El nombre en el caso de los Papas no es una simple denominación, es un programa, una divisa de ideas. Y este caso no debe ser una excepción.
León XIII es el autor de la encíclica “Rerum Novarum” (sobre las cosas nuevas) uno de los documentos que más influyó en el transcurso del siglo XX, especialmente en la primera mitad. Fue una de las bases de la doctrina social de la Iglesia y en torno a ella se erigió lo que se llamó —a la izquierda y a la derecha— el socialcristianismo. Las cosas nuevas que sorprendieron a León XIII fueron la aparición del proletariado y la cuestión social que la aparición de esa nueva clase, expandida por el mundo junto con el capitalismo industrial, planteaba. ¿Cuál es la cosa nueva de hoy que lleva a este Papa a tomar el nombre de León? Varias son las que su trayectoria permitiría indicar; pero especialmente una puede aventurarse: el hecho de la multiculturalidad del mundo contemporáneo y la forma en que se la vive no desde el centro, sino desde la periferia. Esto es lo que explica que en el discurso que pronunció, una vez nombrado o electo, pusiera particular énfasis en la necesidad de establecer puentes, esto es, formas de comunicación y de encuentro con quienes se perciben a sí mismos como distintos. Es probable que este Papa comprenda la multiculturalidad no desde las zonas dominantes de la cultura contemporánea, el centro de Europa, las grandes metrópolis, sino desde los lugares subordinados, aculturizados —en apariencia— por el consumo. Es probable que el quehacer pastoral que habría tenido en Perú, cuya nacionalidad este Papa lleva, explique esa impronta. En un mundo donde la multiculturalidad principia a causar alergia y a despertar el tribalismo, este Papa es todo un signo.