El académico de número analiza el acuerdo parlamentario entre Demócratas y Chile Vamos en su columna de El Mercurio.
Dentro de las cosas que fue posible ver en la reciente inscripción de candidaturas, la más sorprendente no fue la decisión del diputado Ramírez de competir con Jadue (inspirada sin duda por el recuerdo de Jaime Guzmán); tampoco la candidatura de Elisa Loncon al Senado (después de sus ingentes esfuerzos por suprimirlo o minimizarlo que, es de esperar, seguirá haciendo cuando logre un sillón); o la decisión de Kast (Felipe) de no postular a la reelección. No. Lo más sorprendente fue la presencia de Ximena Rincón y de Carlos Maldonado levantando el pulgar y posando sonrientes en actitud deportiva frente al fotógrafo, junto a quienes fueron tradicionalmente sus rivales de derecha.
Ximena Rincón fue ministra de dos carteras —en la Segpres y en el Ministerio del Trabajo— en el segundo gobierno de la presidenta Bachelet, y Carlos Maldonado, por su parte, lo fue de Justicia durante el primer gobierno de la expresidenta. Ambos defendieron con convicción las políticas de la centroizquierda y en esos años —según pudieron constatar quienes observaban la escena pública— estaban, o parecían estar, genuinamente convencidos del diagnóstico que por esos años se hacía de la sociedad chilena y de los planes para remediar los problemas que en ella se presentaban. Si alguien hubiera predicho entonces, cuando ambos eran ministros, que posarían felices al lado de la UDI y RN, nadie lo hubiera creído y se habría pensado más bien que el autor de tal predicción era simplemente un estúpido o un loco.