En su columna de El Mercurio, el académico de número analiza el debate en torno al proyecto de ley del Gobierno sobre el aborto.
El Gobierno ha puesto urgencia al proyecto de ley que permite el aborto dentro del plazo de catorce semanas desde la concepción. RN envió entonces una carta a La Moneda, rechazando la urgencia:
El Presidente —dice la nota— está absolutamente equivocado en poner la propuesta de la interrupción del embarazo como una urgencia legislativa. Parece, más bien, responder a las lógicas electorales que a las necesidades reales de nuestro país.
Ocuparse de los llamados temas valóricos, sugiere la nota, restaría esfuerzos a los problemas que agobian el día a día de los ciudadanos, la inseguridad o la inmigración ilegal entre ellos. Cada día tiene su afán, podría subrayarse, y el del aborto no es el tema de la hora. Podría agregarse todavía que lo de veras urgente son buenas políticas públicas que resuelvan los problemas de seguridad, de migración ilegal, de crecimiento económico, ¿acaso no es eso lo que de acuerdo con las encuestas son las mayores preocupaciones de los ciudadanos?
Ese punto de vista parece acertado; pero no lo es.
Desde luego, los llamados temas valóricos no son, en realidad, valóricos; quiero decir no lo son acerca de los valores (esto de llamarlos temas valóricos se origina, aunque suene sorprendente, en unas opiniones de Nietzsche) sino que se trata de temas relativos a la condición humana.