Carlos Peña: “El presupuesto y los peor situados”

El académico de número aborda la necesidad de establecer prioridades ante la escasez de recursos públicos en su columna en El Mercurio.

El debate sobre el presupuesto es de las cosas más relevantes del actual momento político. En él se revelan dos exigencias. La primera es la necesidad de asumir una decisión que, bien mirada, es política: ¿qué bienes perseguir y cuáles sacrificar, siquiera marginalmente, para obtener los primeros? La segunda es abandonar el interés propio y esforzarse por asumir un punto de vista imparcial (es decir, abandonar lo que Kant llama la razón privada, la razón que se ejerce en calidad de funcionario, y asumir lo que llama una razón pública). Un debate presupuestario en momentos de crisis, cuando la inevitable escasez se incrementa, debe tener en cuenta ambas exigencias.

Por supuesto, en un mundo ideal —que no es, desgraciadamente, el nuestro— los recursos tienen un costo alternativo, es decir, su uso esconde un cierto sacrificio. Si usted decide gastar en cañones (es el ejemplo favorito de Samuelson), usted sacrifica las porciones de mantequilla de que dispondrá. Y viceversa.

La lección primera de la economía y las políticas públicas (es de esperar que se siga enseñando en estos días en las universidades) es que elegir es perder: usted elige esto y sacrifica aquello. En otras palabras, está en la misma definición de coste alternativo la existencia de una situación de suma cero: el hecho de que al financiar un bien se sacrifica siquiera marginalmente otro.

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