El académico de número analiza la crisis de seguridad y delincuencia en Chile, en su columna del diario Estrategia.
Poca duda cabe acerca de la extrema urgencia que para la ciudadanía envuelve el tema seguridad. La delincuencia común y aquella organizada por medio del narcotráfico, se han transformado en los principales problemas que afectan a la nación que amenazan la vida diaria de personas, familias y comunidades enteras. Se ha hecho ya costumbre la información sobre actos de violencia, robos, violación de viviendas, asesinatos y un largo listado de delitos vinculados a la acción de grupos y personas a menudo no identificadas. Lo que es más, los delitos asociados al narcotráfico se han hecho también una costumbre, incluyendo la manera en que invaden espacios otrora respetados como los establecimientos educacionales. Lo más grave, es que muchas veces todo esto envuelve a niños y adolescentes reclutados por las mafias delictuales. Los programas matinales de la televisión han hecho lo suyo informando sistemáticamente acerca de los hechos del día o la noche anteriores, haciendo cundir aún más la alarma de la población y colaborando a expandir el sentimiento de inseguridad que reina en forma generalizada.