En su columna del diario Estrategia, el académico de número analiza el problema del ausentismo escolar en Chile y sus consecuencias para la calidad de la educación.
A las malas noticias que a menudo recibimos acerca de la educación chilena, se suma ahora la reciente publicación de la OCDE respecto de ausentismo escolar. En ella, se destaca que Chile junto a Eslovaquia es, dentro de los 59 países pertenecientes a la organización, el que presenta mayor tasa de ausentismo escolar. En efecto, la tasa de ausentismo escolar en educación primaria alcanzó a 37.6% en 2022 y se mantiene aún en un 27.1%. La OCDE clasifica la situación, de acuerdo a sus estándares, como un caso que reviste gravedad. En el caso de la educación media el nivel del ausentismo es también alto. Evidentemente, este es un dato crucial que va más allá de los indicadores de cobertura ya que el ausentismo es causa fundamental de retraso escolar y revela una gran ineficiencia del sistema. La OCDE en su estudio no profundiza en las causas, pero también advierte que no es la situación económica aquella que figura entre las razones del fenómeno ya que, concluye, la inasistencia no radica necesariamente en los estudiantes más pobres.
Al ser consultados por las razones del abandono de la educación formal, los estudiantes declaran que actúan de ese modo por el temor que les infunde la asistencia al colegio. Esta aprensión se asocia a las verdaderas bandas que existen al interior de muchos establecimientos, que promueven el bullying y amenazan físicamente a sus otros compañeros. Es triste que esto esté ocurriendo en Chile, aunque ello se restrinja principalmente a colegios más vulnerables, y posiblemente del sistema público y de algunos segmentos del sector privado subvencionado. Pone de relieve el alcance de la violencia y el delito entre nuestros niños y jóvenes, y las secuelas irreparables que ello tiene en términos del virtual abandono el sistema escolar. El estudio de la OCDE también alude a una segunda causa para el ausentismo, que se refiere a la aguda situación económica en muchos hogares que llega hasta a privar de alimentación a los niños que en otras circunstancias deberían estar en condiciones de atender su educación. Esto levanta una pregunta acerca de la efectividad del sistema de alimentación escolar que es financiado por el Estado y que se supone debería aliviar la situación de muchos niños vulnerables.