Columna del exministro de Justicia publicada en el diario La Tercera.
Absorbidos por la inseguridad y el estancamiento económico, nos cuesta alzar la vista y advertir los grandes desafíos venideros. Invitado a ese ejercicio por una universidad, pude estudiar uno de los más determinantes: el demográfico, que combina baja natalidad con acelerado envejecimiento.
No es un fenómeno futuro. Ya está en marcha, aunque sin despertar una reacción proporcional a la fuerza de los datos. Proyectando las tasas de hoy, hacia 2100 en Chile existirá un tercio menos de población. En 2050, el 25% tendrá más de 65 años —era un 5% en 1980— y la edad mediana llegará a 40 años. En 2055, los mayores de 60 superarán en número a todos los demás grupos etarios juntos.
Europa, América del Norte y parte de Asia tienen la delantera en este invierno demográfico. En 2025, Francia registró más muertes que nacimientos; Estados Unidos lo hará en 2030. América Latina se avecina a esos umbrales. India mantiene tasas históricas, pero África la lleva: 4,0 hijos por madre y representará el 26% de la población mundial en 2050.