En la sesión ordinaria de abril, el académico de número Jorge Peña Vial y la doctora en Psicología por la Universidad de Chile, Anneliese Dörr Álamos analizaron el fenómeno de la corrupción desde su relación con la formación del sujeto, las instituciones socializadoras y los marcos éticos y normativos que orientan la vida pública.
El pasado lunes 27 de abril de 2026, la Academia celebró su sesión ordinaria del mes, en la que expusieron el numerario, Jorge Peña Vial, y la directora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Anneliese Dörr Álamos, quienes coincidieron en que la corrupción no puede explicarse únicamente por factores económicos o fallas individuales, sino que responde a una desarticulación más profunda entre valores, estructuras sociales y marcos éticos que orientan la acción en la vida pública.
La primera en intervenir fue la doctora en Psicología por la Universidad de Chile, Anneliese Dörr, quien señaló que “quisiera analizar esto desde el desarrollo individual, las instituciones que nos socializan y el sistema normativo real en que la persona actúa. Que no se centre únicamente en lo institucional o económico, sino en la formación del sujeto y en la estructura social que organiza […], porque permite desplazar el análisis desde una comprensión puramente institucional o económica de la corrupción hacia una mirada que considere la constitución misma de nosotros”.
“Sin embargo, incluso considerando estos dos niveles —vínculo temprano e identidad—, la explicación de la corrupción sigue siendo insuficiente. Existen sociedades donde los vínculos familiares son sólidos, la empatía interpersonal es alta, la religiosidad es intensa y la identidad, tanto individual como colectiva, se encuentra firmemente constituida y, aun así, presentan niveles elevados de corrupción. […] Este hecho obliga a introducir un tercer nivel de análisis: la estructura normativa e institucional de la sociedad”, agregó.
Al concluir su exposición, Dörr advirtió que “la corrupción no puede ser entendida como una simple falta de moral individual; más bien aparece como resultado de una falla en la articulación entre la formación del sujeto, las instituciones socializadoras y el sistema normativo real. […] Podríamos concluir que la corrupción no surge simplemente de sujetos sin valores, sino de sistemas en que los valores no logran organizar la acción. Es, en definitiva, la expresión de una doble desarticulación: de la memoria colectiva y de los marcos normativos que orientan la acción”.
La educación cívica se asimila de manera casi imperceptible en el entorno cotidiano
Posteriormente, intervino el académico de número, Jorge Peña, quien afirmó que “no me referiré a la corrupción limitándome a una perspectiva meramente económica, que considero reduccionista. Si bien puede ser legítima en un enfoque especializado, es parcial y unidimensional. Creo que las causas son más profundas y multidimensionales, y proceden de lo que podríamos denominar moral pública, que a su vez está ligada a la concepción de la ética y de sus raíces metafísicas”.
Asimismo, afirmó que “en absoluto se trata de una especie de moralismo o de reducir la política a la ética, sino de considerar que la pérdida del alcance político de la ética —con la privatización del bien que ello implica— es el reverso de la desmoralización de la política, de su tecnificación y de su creciente pragmatismo, que conducen cada vez más a formas intolerables de insolidaridad. Se trata de evitar tanto una concepción individualista de la ética como una intervención exclusivamente técnica de la política”.
En su conclusión, Peña enfatizó que “quienes asuman el relevo en la gestión de los asuntos públicos tendrán tanto el honor como la responsabilidad de dar forma a un mundo profundamente distinto y más humano. Para ello es preciso adquirir una formación que no se enseña en manuales ni se incluye en los programas académicos. La educación cívica se asimila de manera casi imperceptible en el entorno cotidiano: en la familia, en la escuela, en la comunidad religiosa y en las realidades sociales más cercanas”.