Pedro Gandolfo: “Recortes”

El académico de número reflexionar sobre cómo debería reformarse o reducirse el Estado, en su columna de El Mercurio.

Entre la cultura y la agricultura se da una continuidad no meramente etimológica. Si se lo piensa, la idea de “cultivo”, de la aplicación esmerada de reglas recibidas, está en la raíz de la cultura, al menos, en alguna de sus acepciones más elevadas.

Un buen ejemplo, quizás, es el arte de la poda. Cuando Hesíodo, a principios del siglo VII a. C., da consejos sobre cómo podar ciertos árboles y viñas, habían ya pasado siglos de experimentación en los que participaron cientos de generaciones para llegar a una idea revolucionaria: la planta fructifica cuando en vez de dejarla crecer con abundancia se corta selectivamente su follaje aquí y allá.

Desde los tiempos de Hesíodo —que puso por escrito un saber oral— hasta hoy la poda ha devenido en una técnica estudiada con precisión y que se transmite en las escuelas de agricultura. No se ha modificado, con todo, el principio de que cada árbol y arbusto que produzca frutos tiene su propia forma de ser podado y, todavía más, que cada uno admite distintas formas de poda según lo que de ella se pretenda.

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