Pedro Gandolfo: “Mimí… Mimí”

En su columna de El Mercurio, el académico de número reflexiona sobre cómo la protagonista de la ópera La Bohème representa ideales emocionales y culturales profundos del romanticismo europeo.

Hay varias Mimí. Sin ser experto, vislumbro tres. Una es su prefigura en “Las escenas de vida bohemia”, de Henry Murger; otra es la del libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa y, finalmente, la Mimí de Puccini. En la ópera, a su vez, ¿son varias?

Mimí es joven, pobre, trabaja bordando (dentro y fuera de la casa) y vive sola en un desvencijado piso de París. Una noche, con la vela del candil apagada, sale a pedir fuego a sus vecinos. La recibe un joven poeta, se produce un equívoco con una llave perdida, las velas se apagan y en la oscuridad, en el momento en que se rozan las manos, nace un amor relampagueante. Casi podría decirse que, en vez de amor a primera vista, es un caso de amor a primera mano. Pero no es tan así. Mimí escucha la presentación de su instantáneo amante y este escucha también la presentación que hace de sí misma la propia Mimí. Ambos se persuaden, naciendo el amor abruptamente, apenas conocidos, tanto del roce como de la palabra.

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