Pedro Gandolfo: “La cólera de Aquiles”

En su columna de El Mercurio, el académico de número realiza un análisis literario e histórico sobre la Ilíada de Homero y su relevancia en la representación de la guerra y la política.

Dicen que todas las guerras siguen el modelo de la guerra de Troya. Un grupo de expertos mayores se reunió ya hace unos 20 años y, después de deliberar durante varios días, llegó a la conclusión, al fin, de que la guerra de Troya efectivamente había tenido lugar y no solo era, por tanto, la ficción irreal de ese poeta del Asia Menor que la tradición llamó Homero. Pero, con todo, la Iliada es la única versión que tenemos de esos hechos, un poema que fue capaz de convertir una guerra acaso de menor importancia en un conflicto internacional imperecedero.

Recientemente, en editorial Acantilado (La guerra que mató a Aquiles), la homerista Caroline Alexander analiza ágilmente la Iliada como poema bélico no convencional. Homero no describe el comienzo ni el final de la guerra, sino que sitúa originalmente el relato después de un largo tiempo (9 años) de su inicio, cuando la guerra parece discurrir en un punto muerto, sin victoriosos, una tregua dolorosa, tensa y forzada, rodeados los combatientes y sus líderes de cadáveres que devoran los perros y las aves. Los soldados están abatidos y quisieran volver a casa de inmediato. Homero postula que este desolador equilibrio de fuerzas se debe a que Aquiles, el principal guerrero de la parte griega —una gran alianza—, está ofuscado por la ira enconada y se mantiene fuera de los combates. Homero, entonces, retrocede con el relato y cuenta la causa de esa ira furiosa de Aquiles: un conflicto entre este y el comandante en jefe de la expedición griega, al que el poeta llama Agamenón. 

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