En su columna de La Tercera, la académica de número reflexiona sobre los límites y criterios que deberían orientar una eventual reforma constitucional vinculada a la seguridad en Chile.
El Presidente de la República ha anunciado el envío al Congreso Nacional de una reforma constitucional que apoye el desarrollo de la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT). A pesar de que aún no conocemos el texto preciso de ese mensaje presidencial es posible efectuar algunas puntualizaciones que enmarquen el debate futuro de esa reforma a la luz de las enseñanzas que provee la ciencia del derecho constitucional.
Así, conviene recordar que una reforma constitucional supone revisar el pacto fundamental de la convivencia, es decir, las bases conforme a las cuales hemos decidido organizarla y proyectarla hacia el futuro.
¿Es necesario reformar la Constitución? Ciertamente, pues ello constituye una forma de irla adaptando a las transformaciones de la sociedad reafirmando, a la vez, la necesidad de una Constitución “viviente” que asegure su legitimidad a través del tiempo.