Lucía Santa Cruz: “Liberalismo democrático vs. socialismo”

En su columna de El Mercurio, la académica de número reflexiona sobre las diferencias entre el socialismo y el liberalismo democrático.

Jonathan Haidt se ha preguntado en su libro “La mente de los justos” por qué la política y la religión dividen a la gente sensata. Yo quisiera hoy divagar acerca de una de las razones por las cuales personas buenas y bien intencionadas optan por el socialismo, mientras que otras, igualmente buenas, piensan que la búsqueda de la igualdad absoluta, que es esencial al socialismo, crea nuevas y peores desigualdades y termina por hipotecar la libertad; y, tratando de alcanzar el bienestar universal, sume a los pueblos en el estancamiento y la pobreza.

Subyacente al socialismo y al liberalismo democrático subyacen filosofías diametralmente opuestas respecto de la justicia. En la primera, para que haya justicia social debe existir igualdad en las condiciones materiales de todos; en la otra, no habría justicia cuando no existe la posibilidad de que cada ser humano pueda desarrollar la totalidad de sus potenciales, aunque ello lleve a rendimientos desiguales.

La propuesta socialista, en todas sus vertientes, nace de un concepto de la naturaleza humana y un razonamiento de cómo funciona el mundo muy diferentes al concepto liberal democrático. En definitiva, se sustenta en la creencia de que no existe constricción alguna en la naturaleza humana que pueda impedir su perfección indefinida, a través de cambios en las estructuras organizativas de la sociedad, pues son las instituciones existentes, las tradiciones, los gobernantes, los responsables de los males y vicios existentes.

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