Lucía Santa Cruz: “Lecciones históricas para el futuro”

La académica de número defiende el crecimiento económico como condición central del progreso social, en su columna de El Mercurio.

El nuevo gobierno debe tener muy presente —y creo que lo tiene— ciertas enseñanzas de la historia. La experiencia de las últimas décadas nos dice que el crecimiento es el producto de la creatividad de las personas; que para ser creativos es importante disponer de los márgenes más amplios posibles de libertad y que, por lo tanto, parece aconsejable mantener y aumentar la libertad económica, crear incentivos para el ahorro y la inversión, actuar proactivamente para reducir la burocracia, disminuir el lapso de tiempo requerido y el costo de iniciar nuevos negocios; flexibilizar la legislación laboral, aumentar el empleo y transformar radicalmente la educación, entre otras. Además, atendido que las instituciones importan, es necesario reformar el Estado, poniendo fin al clientelismo, que favorece la captura, la depredación y la corrupción. Para que esto suceda se requiere innovación, profundizar los cambios sociales vinculados a más y mejores oportunidades, y verdadera igualdad de derechos; valorar la importancia de las reglas generales y de las instituciones cuyo propósito es frenar los excesos privados y públicos, y desarrollar ciertas reglas éticas compartidas esenciales para hacer viables los acuerdos y contratos libremente contraídos en mercados abiertos y competitivos. Por sobre todo, en orden a asegurar la plena vigencia de la libertad, que es el requisito previo del progreso, es exigible un Estado de derecho basado en el imperio de la ley y no en la voluntad arbitraria de jueces o gobernantes. Y, por cierto, cumplir la prioridad esencial actual, que es restaurar la ley y el orden.

En Chile, la transformación de la economía dio lugar a un ciclo de crecimiento económico sostenido, a tasas inéditas, y con ello aumentaron significativamente los niveles materiales de vida, llevando a rangos de prosperidad sin precedentes, que cambiaron los patrones de consumo y bienestar, y los estilos de vida de todos los chilenos.

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