Lucía Santa Cruz: “Democracia, simpatía y compasión”

La académica de número reflexiona sobre las claves para encontrar acuerdos en una democracia en su columna de El Mercurio.  

El requisito principal para que una democracia funcione es la existencia de instituciones que permitan gobernabilidad y eficacia para resolver los problemas públicos. Es igualmente cierto que nuestro régimen de gobierno, con su normativa electoral y el multipartidismo y la polarización que ha traído consigo, es una causa principal de la peligrosa crisis de credibilidad del sistema democrático y de la amenaza populista que se cierne sobre nosotros.

Sin perjuicio de lo dicho, me atrevería a afirmar que ni siquiera con un diseño institucional perfecto, una democracia puede funcionar realmente sin un ethos y una cultura compatibles con ella, que permita encontrar un equilibrio entre los conflictos naturales, propios de toda sociedad, y los mecanismos necesarios para resolverlos y encontrar acuerdos mínimos para la convivencia. Si tuviera que identificar una característica insustituible para lograr ese objetivo sería, sin lugar a dudas, la promoción de la compasión y la empatía como base para nuestro relacionamiento social y político.

La palabra “compasión” proviene del latín “cumpassio”, traducción de la voz griega “sympátheia”, que significa sufrir con el otro. Para que ella emerja, es esencial comprender a ese otro, a partir de su reconocimiento como un igual, con el cual tenemos una humanidad compartida. Esto nos permite reconocer e identificarnos con sus alegrías, tristezas y sufrimientos, compenetrarnos con su dolor y tratar de aliviarlo.

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