Lucía Santa Cruz: “Adam Smith vs. Trump”

La académica de número analiza la política económica del Presidente de los Estados Unidos en su columna habitual del diario El Mercurio.

Las políticas proteccionistas del gobierno de los Estados Unidos, que han venido a cambiar la estructura misma del orden internacional, me han movido a reflexionar sobre la importancia del libre comercio en la historia de la humanidad. Los seres humanos tenemos profundamente arraigado en nuestro ADN el instinto del intercambio de bienes y ello ha sido un factor determinante en la forma como han evolucionado nuestras sociedades. El crecimiento histórico del comercio no se ha limitado a producir beneficios económicos, sino que ha permitido profundos cambios sociales y culturales y el intercambio de ideas, conocimientos y tecnologías, estableciendo relaciones entre diversas culturas y estimulando la cooperación y colaboración entre los pueblos.

El comercio internacional ha ayudado a la supervivencia de muchos, al permitir la acumulación de recursos y el acceso a ellos en tiempos de necesidad. Baste recordar que, en la medida en que se fueron desarrollando las rutas del comercio en virtud de los avances en la navegación marítima, los pueblos pudieron acceder a artículos inaccesibles con anterioridad, supliendo la escasez con importaciones. Tampoco es posible concebir el desarrollo de las ciudades, la urbanización y la creación de infraestructuras como puertos y carreteras sin el crecimiento del comercio entre mercados distantes y diversos.

Entre los siglos XVI y XVIII, la mayoría de las naciones europeas organizaron sus economías de acuerdo con los principios mercantilistas, que establecían que la grandeza de las naciones debía construirse acumulando oro y limitando las importaciones por medio de tarifas y barreras arancelarias, y subsidios para industrias clave, cuotas y regulaciones para lograr un superávit comercial. De este modo, se distorsionaban las señales de los mercados, se inducía a la creación de monopolios y se ahogaba la competencia. Para lograr sus objetivos se reforzaron las características autoritarias de los gobiernos centrales para controlar las actividades económicas, lo cual produjo efectos en los sistemas políticos fomentando formas de gobierno absolutistas.

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