José Joaquín Brunner: “Libertad académica: una frágil conquista”

El académico de número reflexiona sobre la libertad académica como condición esencial de la universidad, en su columna de El Mercurio. 

En Occidente, la libertad académica no es un adorno normativo ni una concesión graciosa del poder político. Ha sido, desde el origen mismo de la universidad, un elemento constitutivo de su cultura, de su organización y de sus prácticas. Sin ella, la universidad deja de ser universidad y se transforma en otra cosa: una escuela profesional avanzada, un centro de adiestramiento técnico o, en el peor de los casos, un instrumento ideológico. Ha ocurrido centenares de veces en todo el mundo.

Durante los primeros siglos de su existencia, la lucha por la libertad académica adoptó la forma de una emancipación progresiva frente a dos poderes dominantes en la época: el político —el imperio, la espada— y el religioso —la Iglesia, la cruz—. Esa lucha dio lugar a la noción de autonomía universitaria, entendida como la capacidad institucional de definir qué se investiga, qué se enseña y cómo se evalúa el conocimiento, sin subordinación directa a mandatos externos. Se trató de una conquista histórica lenta y conflictiva, que —con el tiempo— hizo posible la emergencia de una esfera intelectual relativamente independiente en el seno de las sociedades modernas.

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