José Joaquín Brunner: “Democracia liberal agobiada… y amenazada”

El académico de número analiza el escenario político de Chile y del mundo en este ensayo publicado en El Líbero.

Una de las cosas más llamativas de estos días -no sólo en Chile, alrededor del mundo también- es el deseo manifestado masivamente por los electores de llevar a los opositores al gobierno. O sea, la búsqueda de un cambio del personal directivo del Estado encargado de formular, proponer y ejecutar las políticas. La consigna de estos tiempos turbulentos parece ser: ¡fuera los incumbentes, que asuman los contendientes!

Mas no se trata solamente del ciclo normal de la alternancia en el poder. Hay algo más. 

Por lo pronto, el año pasado hubo elecciones en sesenta países y en la mayoría el oficialismo fue derrotado; por ejemplo, en Estados Unidos, Reino Unido, Botswana, Gana, Corea del Sur, Panamá, Portugal y Uruguay, entre otros. Lo mismo ocurrió en Venezuela, donde el régimen chavista decidió, sin embargo, desconocer los votos e imponerse por la fuerza. En otras partes, los partidos o coaliciones de gobierno retrocedieron y hoy son más débiles; es el caso de África del Sur, Japón, India y Francia.

En seguida, como a manera de un balance de tendencias apunta el estudio Elecciones Globales en 2024 del Pew Research Center, el pasado año fue efectivamente fuera de lo común. No sólo por el número de países involucrados y por los malos resultados para los partidos tradicionales y detentadores del poder, sino porque “los votantes de muchos países, agitados por la subida de precios, divididos por cuestiones culturales y enfadados con el statu quo político, enviaron un mensaje de frustración”.

A lo anterior hay que agregar el hecho de que en varios países las derechas populistas, radicales o extremas, ganaron posiciones y avanzaron, como ocurrió en las elecciones del Parlamento Europeo y en Austria, Francia, Rumania, Portugal, Reino Unido y Alemania. En años anteriores, mayorías de derechas habían salido victoriosas en Italia y Países Bajos y, en América Latina, en El Salvador y Argentina. 

También hubo algunos casos excepcionales durante los últimos años de victorias electorales de grupos no tradicionales que se proclaman de izquierdas, como ocurrió en México y sucede rutinariamente en Cuba y Nicaragua. En el primer caso AMLO logró traspasar su liderazgo a una sucesora elegida por él; en los otros dos, las elecciones son nada más que procedimientos de confirmación de la élite en el poder.

Como sea, tanto en el mundo desarrollado, igual como en América Latina, la satisfacción o el apoyo a la democracia alcanza allá apenas a un 45% de la población y aquí, en la región, a un 52%.

De manera que en materias político-electorales y de consistencia democrática no estamos ya en el terreno del business as usual. No sólo la contabilidad de resultados es un sismógrafo preocupante, sino que desde ambos extremos del espectro ideológico crecen fuerzas iliberales y no democráticas alrededor del mundo, al mismo tiempo que aumenta el número de regímenes populistas-autoritarios de derechas y de izquierdas, aunque de preferencia los primeros. Más grave aún, la mayoría de las veces estos desplazamientos son desencadenados por el voto popular que parece estar inclinándose hacia posturas de derecha radical.

¿Cómo explicar este fenómeno internacional y hacia dónde lleva? ¿Qué lo alimenta y por qué parece avanzar irresistible, aunque desigualmente, en diversas latitudes? Aprovechando estos días de vacaciones proponemos aquí una exploración que va más allá de lo meramente noticioso para adentrarse en las ideas y dinámicas que movilizan este cuadro de derechas extremas.  

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