El académico de número analiza los temas centrales de la discusión política en Chile en una columna de El Líbero.
Ausencia de ideas
Días atrás publiqué una breve columna en otro medio sobre conductas e ideas políticas en el actual cuadro chileno; como aquellas responden a tácticas para bloquear, paralizar, desordenar y, en última instancia, reducir al bloque adversario, mientras estas otras, las ideas, se hallan ausentes de la escena. En estas condiciones, sugerí, las élites políticas se polarizan descalificándose mutuamente. Y la sociedad ve desaparecer su horizonte de ideas orientadoras.
A su turno, los imaginarios de la polis se desvanecen y, con ello, la propia noción de la sociedad de conformar una unidad nacional cede su lugar a múltiples identidades: de clase, estrato, localidad, vecindario, género, etnia, generación, cohorte, barrio, colegio, sensibilidad, consumo, moda, relato, creencia, círculo profesional, lecturas, afanes, marcas, sociolecto y nicho cultural. A esta nueva ecología identitaria -fase avanzada de una individuación autónoma y de la expansión de relaciones móviles, temporales, voluntarias, sin peso ni densidad, conductuales y contractuales- responde asimismo una esfera política atomizada, pulverizada, con signos de identidades ideológicas líquidas o puramente rituales.