Jorge Peña Vial: “Eutanasia”

En su carta al Director de El Mercurio, el académico de número defiende la idea de que la vida tiene un carácter inviolable que trasciende la voluntad individual.

Señor Director:

No deja de ser sorprendente y digna de análisis la carta (ayer) de la directora de Fundación Iguales, que escribe: “No sé cómo ni cuándo voy a morir, no sé qué decisión tomaré en ese momento, pero sí sé que esa decisión debe ser mía”.

Ya es mucho aventurar que en esos momentos tomará lúcidamente una decisión solo suya.

La muerte es una pasión, se padece, irrumpe desde fuera, y no debe ser provocada desde dentro. Eso sería legítimo si la vida nos la hubiéramos dado a nosotros mismos, si fuéramos el origen de la misma. Pero no es el caso. Son muchas más las cosas que hemos recibido y que debemos aceptar y consentir libremente (ser, vida, padres, herencia, educación) que las que dependen solo de nuestro arbitrio. Por eso aquellas cosas que podemos destruir pero no crear (el ser, la vida) tienen carácter sagrado, no por motivos religiosos, sino ontológicos.

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