En una columna de El Mercurio, el académico de número analiza las dificultades políticas que enfrentan Evelyn Matthei y Carolina Tohá en su intento por ampliar su base de apoyo para las próximas elecciones presidenciales.
Quien padece esta vieja broma no logra taparse el torso con la sábana y, al mismo tiempo, estirar las piernas. Algo parecido a ese síndrome de estrechez padecen Matthei y Tohá cuando intentan estirar su base de apoyo.
Así como el que sufre la cuchufleta no logra salir de ella tirando de las sábanas para arriba y para abajo y solo lo logrará entendiendo primero lo que pasa y cambiando de estrategia, las candidatas también necesitan dejar de tirar la sábana a la derecha y a la izquierda, pues esta nunca dará todo el ancho. La estrategia para salir del incómodo cambucho, en cambio, parece requerir de una claridad en el mensaje, que aún no asoma.
Matthei partió perfilándose más como jefa de la oposición que como aspirante a la presidencia. Un rol ácido que le queda cómodo. Alguien pudo pensar que, para ganar la carrera bastaba con aparecer como una dura crítica de un gobierno que comete frecuentes errores y que tuvo que esconder su programa y sus sueños. Pero no ha sido así, y en el plano de la dureza, no tiene cómo ganarles a Kast y a Kaiser. Torpedeada por la derecha y sin entusiasmar a quienes no se identifican con su sector, la precandidata ha terminado por insistir improvisadamente con campos minados en la frontera, cárceles en el desierto, pena de muerte y precondiciones para la presidencia. Un discurso liviano, poco creíble y que no entusiasma.