El académico de número analiza la crisis en el Poder Judicial y el sistema de nombramientos en una entrevista con Ex-Ante.
– ¿Por qué piensas que el sistema de nombramientos necesita reformas?
– Me parece que hay una enorme liviandad en la forma en que se designan a los jueces en el país. Hay bastante opacidad, que permite que sean las personas con más contactos quienes típicamente resulten beneficiadas y que son las más riesgosas en términos de corrupción, de lenidad, de amiguismo. En fin, todo eso que hemos visto en los últimos días.
– ¿Lo dices por el caso de Antonio Ulloa, que fue destituido?
– Han sido muchos casos en este último tiempo. Es muy difícil que tengamos buenos resultados con un mal sistema de nombramientos. Revisé el fallo del caso Ulloa de la Corte Suprema. Entre las razones que dan los que estuvieron por no destituirlo, es que la influencia entre el mundo judicial y el mundo político se ha hecho una costumbre, una práctica habitual, precisamente porque tenemos un muy mal sistema de designación.
Los senadores esperan, y el Ministerio de Justicia también, que se le den antecedentes sobre los candidatos, antecedentes que no siempre tiene de manera suficiente, porque no se practica un escrutinio de manera suficientemente detenida.Y es esa práctica de recomendaciones la que termina por formar “trenzas” al interior del poder judicial minando la independencia de los jueces, mucho más que el llamado “besamanos”