El académico de número analiza la tensión interna en la oposición chilena frente al debate sobre el sistema de pensiones en una columna de El Mercurio.
Entre Dolores y Concordia corre el río Uruguay. La primera es una localidad uruguaya y la segunda, argentina. Las diversas derechas chilenas bracean y patalean, tratando de determinar en cuál de las dos riberas de ese río terminarán ubicándose. El futuro de todos nosotros corre por esa misma corriente.
En Argentina, el predominio político del Peronismo empezó hace 80 años; solo pudo ser interrumpido ocasionalmente por los militares y luego por la derecha de Macri (2015-2019). Fueron solo paréntesis, hasta que la crisis se hizo insostenible en 2023 y otra derecha, esta vez con motosierra en mano, no pretende solo gobernar el país, sino refundarlo, de un modo que ambiciona irreversible.
En cambio, al otro lado del río, en Uruguay, desde que terminó la dictadura, en 1985, vienen sucediéndose gobiernos socialdemócratas, de izquierdas y derechas, sin que nadie pretenda refundar el país ni cambiar radicalmente las políticas de su antecesor.