Joaquín Fermandois: “China, un puesto bajo el sol”

El presidente de la Academia Chilena de la Historia analiza el retorno de China como potencia mundial, en su columna de El Mercurio.

Arribando a Beijing, Vladimir Putin fue recibido por Xi Jinping con la pompa y ceremonia calcadas de la bienvenida a Donald Trump. Es probable que Xi haya querido enviar una señal a Moscú de que no lo sacrificaría como aliado en caso (improbable) de acuerdo general con Washington.

Habría que destacar otro aspecto. Miradas las cosas desde Beijing, Trump venía del este; Putin, del oeste; ambos convergieron en un punto. Es un cuadro que calza maravillosamente con una visión arraigada por milenios en China, uno de los tantos aspectos donde el liderato actual de Beijing quiere cimentarse más en la tradición imperial antes que en el pasado comunista. Se hizo honor a un nombre clásico que refleja una profunda mirada autocomplaciente de sí misma: el “imperio del medio”, es decir, del centro de la tierra; todos los otros son periféricos. Era doctrina no escrita aunque muy vocal a lo largo de la historia del imperio, incluso con raíces anteriores. El resto de las naciones o pueblos con los que se relacionaban eran considerados como tributarios o “suzeranos”, es decir, vasallos, situación relativamente común a lo largo de la historia. Los enviados a la corte imperial debían prosternarse ante el emperador, arrojados de cuerpo entero al suelo, en señal de sumisión. Refleja una mentalidad de imperio universal.

El surgimiento de China como uno de los dos colosos globales se inscribe en una sucesión de potencias que aspiran al liderazgo o hasta hegemonía, como la aparición de la Alemania imperial en el último tercio del XIX; de EE.UU., desde el 1900, y de la URSS, desde 1945 hasta fines de los 1980. Desde entonces, es el cuarto caso en que una nueva gran potencia se propone reordenar el orden mundial, aunque no pueda dominarlo ni mucho menos.

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