Eugenio Tironi: “La magia del Estado”

El académico de número aborda el debate sobre el rol del Estado en la política y la economía en una columna del Mercurio. 

Frente a buena parte de los problemas, que por cierto son abundantes, la solución que se propone desde el campo político pasa corrientemente por el Estado, ya sea corrigiendo lo que haría mal o ampliando su campo de actuación para que “se haga cargo”. Últimamente, impactada por Trump y Milei, la derecha está retomando la vieja ortodoxia del “Estado mínimo”; la izquierda, en cambio, aún sigue apegada a su fe en el Estado.

En oposición al capitalismo y con el ánimo de crear una sociedad sin clases, la Unión Soviética implementó el dominio directo del Estado sobre todos los ámbitos de la vida. Los empleos, la vivienda, la educación, la salud, las pensiones, en fin, todos los bienes y servicios necesarios para vivir, aunque modestos, eran provistos igualitariamente por el Estado. Obtenerlos no demandaba ningún esfuerzo especial, excepto la obediencia al partido y un moderado cinismo. ¿Que se prestaba para abusos, sometimiento, discriminaciones y desigualdades? Tal vez, pero esa vida gris se juzgaba preferible al estrés de un capitalismo que enfrenta cruelmente a ganadores y perdedores.

Tal sistema duró casi un siglo, hasta que colapsó. Casi la mitad de la humanidad lo vio como un camino de emancipación, no de servidumbre. Fue una inspiración fundamental para la lucha contra el horror nazi. Despertó esperanzas en una gran parte de los trabajadores e intelectuales del mundo, y llegó a ser un adversario de peligro para el capitalismo democrático de posguerra. Si bien colapsó a fines del siglo pasado, la nostalgia por dicho orden, no hay que ser ciegos, está aún lejos de morir. Dos novelas alemanas recientes, “La Nieta”, de Bernard Schlink, y “Kairos”, de Jenny Erpenbeck, retratan magníficamente esa vida y sus huellas, entre las que se cuentan Putin, Orban y la ultraderecha germana.

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