Eugenio Tironi: “El peso de la humildad”

El académico de número reflexiona sobre el legado del papa Francisco en una columna del diario El País de España.

En los próximos días el foco de atención ya no será Francisco. Los titulares girarán hacia su sucesor y hacia otros asuntos. Por lo mismo, hay que aprovechar estas últimas horas para insistir en su legado.

Su paso por este mundo deja una marca que ojalá no sea borrada. No tanto por las reformas que impulsó en la Iglesia, ni por sus gestos de apertura o su estilo cercano, sino por haber planteado un cambio de raíz en nuestra manera de habitar la tierra.

Laudato Si’ (2015), su encíclica sobre el cuidado de la casa común, es quizá su gesto más audaz. No se limita a advertir sobre el deterioro ambiental o a convocar a una mayor responsabilidad ecológica. Va más lejos: propone una ruptura civilizatoria con el paradigma que, desde hace siglos, organiza nuestra relación con la naturaleza. Ese paradigma —nacido del encuentro entre el cristianismo, el racionalismo cartesiano y la revolución industrial— colocó al hombre en el centro del universo, autorizado a dominar y explotar todo lo creado en su propio beneficio.

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