En una columna publicada en El Mercurio, el académico de número reflexiona sobre el recambio cultural, intelectual y moral que se aproxima en Chile.
La instalación del gobierno de José Antonio Kast trae una señal cuyo peso solo se revelará con el tiempo: un doble recambio de élites. El primero es visible en el mapa. El poder pasó de Pío Nono —donde se formaron Boric y su núcleo— a Alameda 340, sede de la UC, cuyos pisos superiores albergan su Facultad de Derecho, donde se formaron Kast y su círculo más cercano.
Son apenas 1.500 metros, pero separan planetas distintos. Pío Nono ha sido históricamente el emblema de una cultura laica, racional y contestataria, inclinada a la expansión de derechos, a la deliberación pública y a la sospecha frente a toda forma de autoridad tradicional. La Facultad de Derecho de la UC, en cambio, ha encarnado la persistencia de un catolicismo conservador, con una vocación de orden que brota de la ley natural, recelosa de la política y del mercado, orientada a fijar límites de la razón antes que a abrirle horizontes. Uno es el mundo de Fernando Atria Lemaître; el otro, el de José Joaquín Ugarte Godoy.
Aunque es mínima en el mapa, la distancia es abismal en términos culturales, intelectuales y normativos. Son dos tradiciones que entienden de manera opuesta la autoridad, la libertad y el conflicto. Con Kast y su círculo, lo que cambia no es solo el signo político del gobierno, sino el lugar desde donde se piensa el poder, se juzga la política y se define qué se entiende por orden, perturbación o amenaza.