El académico de número y el exministro de Relaciones Exteriores analizan la creciente polarización política en Chile, en su columna de El Mercurio.
La tendencia hacia la polarización que se advierte en el mundo, de la que Chile no escapa, responde a un fenómeno muy concreto: los indignados de derecha votan por la extrema derecha, y los de izquierda por la extrema izquierda. “La Política en tiempos de indignación” (Daniel Innerarity, 2015).
Las posiciones más matizadas, complejas y moderadas juegan un rol subalterno, y votan de mala gana de manera aproximativa o simplemente se restan.
El mundo socialdemócrata, moderado y reformista obtiene un 28% en las elecciones primarias de la centroizquierda, mientras que la derecha tradicional de Chile Vamos, abierta a posiciones de centro (la “derechita cobarde” en el lenguaje de la derecha dura), obtiene el quinto lugar en la primera vuelta.
Desde el punto de vista de la oferta política, el espacio del centro y de la centroizquierda va quedando como un casillero vacío. Partidos centenarios y recientes perdieron su existencia legal. El Partido Socialista en los últimos años abandonó la alianza con la Democracia Cristiana, que fue la base capaz de consolidar la mayoría que permitió la transición democrática.
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