Ernesto Ottone: “Cambio de mando”

El académico de número reflexiona sobre la madurez democrática de Chile, en su columna de El País.

El cambio de mando del 11 de marzo del 2026 no será el más dramático ni el más importante de nuestra historia patria. No marca la salida de una dictadura, ni está precedida por una catástrofe social o natural que nos haya tenido al borde de un abismo. Sin embargo, constituye un cambio significativo.

Está por concluir un Gobierno donde predominó por cuatro años la izquierda radical, presidida por un joven político que encarnó un discurso refundacional extremo y que, casi por casualidad, los acontecimientos colocaron en tan alta responsabilidad.

Comenzará el Gobierno de un político con amplio recorrido, que hasta hace algún tiempo nadie habría distinguido demasiado, salvo por su gran conservadurismo que lo llevó a ponerse a la derecha de la derecha tradicional que había gobernado dos veces desde el regreso de la democracia.

Para aumentar su significación, la centroizquierda que dirigió los cuatro primeros gobiernos en democracia de manera exitosa, hoy ya no existe como tal. Sus partidos terminaron acercándose de manera subalterna a la izquierda radical, terminando algunos de ellos algo deshilachados, otros dirigentes y seguidores acercándose a la derecha e, incluso al Gobierno entrante. Y, finalmente, otros quizás más cabezotas, reformadores y socialdemócratas, quedaron en una espléndida soledad observando los acontecimientos, sin otra ventaja que su libertad de espíritu.

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