Cristián Warnken: “Presencia de Soublette”

El académico de número reflexiona sobre el legado del filósofo Gastón Soublette en su columna de El Mercurio.

Gastón Soublette pertenece a la escasa estirpe de los “pocos sabios que en el mundo han sido” —como decía Fray Luis de León, en su “Oda a la vida retirada”. Pero Soublette no optó por la vía de la vida retirada —tentación de muchos sabios cansados del mundo—, sino que dio testimonio aquí, en nuestro tiempo, y lo hizo alertando sobre los peligros de una civilización hipertecnificada y deshumanizada, incansablemente, en sus cartas a este mismo diario, en sus clases, entrevistas y libros. No dejó a los jóvenes —que buscan desesperadamente referentes— solos. Ejerció el magisterio hasta bien avanzada edad. Cuando yo era alumno de literatura, lo veíamos con su poncho mapuche y una trutruca, paseando alrededor del patio del Campus Oriente de la PUC, como un chamán, un chamán que hizo conversar el mensaje cristiano con el taoísta y la cosmovisión mapuche, en tiempos difíciles para el espíritu. Su curiosidad, su entusiasmo, lo mantuvieron siempre joven de alma, buscando los mensajes secretos del cine, explorando la simbología de los símbolos patrios, indagando en los abismos de la música de Mahler o en los de la poesía de Neruda, estudiando los refranes y la sabiduría del campesino chileno. Gastón Soublette representa muy bien la figura del “hombre interior”, ese que perdimos cuando empezamos a tener más fe en la tecnología que en nuestros recursos espirituales. Mientras escribo estas líneas, una lluvia tenaz cae en el sur donde estoy, se acaba de cortar la luz y suenan truenos en el cielo, una tromba acaba de pasar, y todo indica que esto es parte del cambio climático en curso. Soublette habría estado atento a leer esos signos: como Nietzsche, él diría “todas las cosas quieren hacerse símbolos”.

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