Cristián Warnken: “Podadora, no motosierra”

El académico de número reflexiona sobre cómo debería ejercer el poder el presidente electo José Antonio Kast, en su columna de El Mercurio.

Pocos días le quedan al Presidente electo para echarse a los hombros una responsabilidad enorme, un peso para el que hay que tener mucha templanza y fuerza interior, porque gobernar nunca ha sido fácil y hoy parece más arduo que nunca. En general, me parece percibir en la mayoría de los chilenos el deseo de que le vaya bien. Los primeros días como Presidente electo han mostrado a un Kast mejor que el Kast candidato o el líder de una fracción o de una tribu que fue durante mucho tiempo. Parece haberse dado cuenta de que su tribu es ahora todo el país y que a esa tribu no hay que hablarle a gritos ni con ideas o eslóganes de la llamada “batalla cultural”.

Si tuviera que recomendarle, humildemente, un libro de cabecera para los pocos días de vacaciones que se va a tomar en el sur, le diría que escogiera a Confucio, pensador chino del siglo V antes de Cristo. Habría que ser cuidadoso, tal vez, en llamarlo pensador tal como lo entendemos en Occidente. El mismo Confucio había dicho que un “sabio no tiene ideas”, significando con eso que debe tener su espíritu disponible, abierto, no privilegiar una idea sobre otra y no proyectar sobre el mundo una visión preconcebida de las cosas. El verdadero sabio no se inmoviliza en ningún punto de vista particular y es capaz, así, de evaluar mejor el curso de las cosas. Porque lo que puede ser adecuado en una situación, puede no servir en otra. La realidad es cambiante y hay que danzar con ella, no violentarla e imponerle a la fuerza una malla de interpretación. El país viene de años de experimentaciones e intentos refundacionales, y está cansado y hastiado de ello. Y no soportaría una experimentación más de cualquier signo: demasiadas ideas sobre la realidad (y la academia tiene gran culpa en ello) y poca capacidad de encauzar armoniosamente el curso de las cosas, de entender el sentido de la oportunidad, de conectarse con el “momento”.

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