En su columna de El Mercurio, el académico de número reflexiona sobre el significado simbólico del monumento al general Baquedano.
Baquedano ha regresado al pedestal, hasta hace pocos días, vacío. Como siempre, arriba de su fiel caballo Diamante. Ahora no estará tan solo: una nueva vecina lo acompañará en su regreso: Gabriela Mistral. Los poetas chilenos también son héroes de la patria.
¿Qué conversarán el militar y la poeta, cuando cae la noche sobre Santiago? Mistral habló alguna vez de la complementariedad del huemul y el cóndor, los dos animales arquetípicos de nuestro escudo nacional y pidió más presencia del huemul (símbolo de la delicadeza y la gracilidad). Los militares son parte importante de la formación de este Estado-Nación del que habla Mario Góngora; pero también los poetas, los “señores del decir”.
La poesía ha sido palabra fundante en Chile desde los inicios. Partiendo por Alonso de Ercilla y su “Araucana”, Andrés Bello, el poeta legislador, y esos volcanes gigantes que vendrían después: Neruda, De Rokha, Parra y tantos otros.
Un amigo me escribe un mensaje, donde me dice: “con esto (que Baquedano haya vuelto a su pedestal), te fregaron el título de tu libro”. Se refiere a “El pedestal vacío. Confesiones de un apóstata”, mi último libro, que parte con un capítulo autobiográfico de mi infancia.