Cristián Warnken: “Cyber Day, cyber padres, cyber niños…”

En su columna de El Mercurio, el académico de número reflexiona sobre la cultura del consumo digital en Chile.

Percibo una ansiedad y excitación colectiva alrededor mío: jóvenes, ancianos, padres e hijos se arremolinan en sus computadores o dispositivos digitales, al parecer, en la búsqueda de algún “grial” que los hace volver a todos a la primera infancia. “Es el Cyber Day, entérate”, me dice un amigo cuando le pregunto si no se ha dado cuenta de esta algarabía súbita, que tiene a todos en una expectación y euforia como si estuviéramos ante un acontecimiento mágico. “¡Hay que apurarse —dicen todos—, hoy a medianoche se acaba el Cyberday!”.

A medida que se acerca la hora, empiezo a preguntarme si no me habré perdido de algo grande. Veo a niños corriendo en la calle con sus nuevos celulares comprados a menos de la mitad de precio, eufóricos, comparando unos con otros estos regalos caídos del cielo. Recuerdo cuando antes nos deslumbrábamos cuando un amigo llegaba con una pelota nueva, cuando no existían los smartphones ni tampoco los Cyber Day. Éramos más austeros, pero no sé si menos felices que ahora. Abuelos y padres que se abalanzan a regalarles a sus hijos y nietos los dispositivos de última generación probablemente sientan que contribuyen a una felicidad nueva a la que ellos no tuvieron acceso. Eso es entendible, claro. ¿Pero era necesario apresurarse tanto para entregar aún más a sus hijos a los dispositivos, en vez de los dispositivos a sus hijos? Porque de eso se trata: son nuestros hijos los que son entregados a la realidad virtual, no al revés. Como en el “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj”, de Julio Cortázar. Dice Cortázar: “Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, un calabozo de aire (…) No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. Esa es la trampa: estamos ofreciendo de regalo a nuestros niños, estamos regalando esclavos creyendo que serán más libres.

>> Texto completo en El Mercurio (con suscripción)