Carta al Director publicada en El Mercurio por el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella.
Señor Director:
En su reciente columna de opinión el profesor Carlos Peña reprocha que una ministra de Estado haya convocado una misa en el Palacio de Gobierno para rezar por las familias de Chile afectadas por las emergencias que hemos estado viviendo, invoca para ello el carácter laico del Estado chileno. Más allá del error fáctico de no ser la ministra la que convoca y organiza la ceremonia, sino los funcionarios y ella simplemente acepta la invitación, en el tema de fondo, creo que el argumento descansa en una confusión conceptual que vale la pena aclarar.
El Estado laico, tal como se ha entendido desde la separación de 1925, no consiste en la expulsión de lo religioso del espacio público, sino en la distinción de competencias entre la autoridad civil y la autoridad eclesiástica: ninguna jerarquía religiosa ejerce potestad pública, y el Estado no profesa un culto oficial ni impone una fe. Eso es exactamente lo que no ocurre en este caso: nadie es obligado a participar, no se declara un culto de Estado, y la actividad tiene el carácter de acompañamiento a la ciudadanía, no de un acto de gobierno confesional.