Columna en El Mercurio del profesor titular de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de los Andes.
Mi referencia (carta del 11 de agosto) al 61,3% obtenido por ciencias sociales y humanidades a lo largo de la historia del programa Becas Chile ha motivado reacciones diversas en los últimos días (Lucía Santa Cruz, John Müller). Quisiera aportar algunos elementos de juicio adicionales.
Hasta donde he podido investigar el asunto, ese resultado parece explicarse por una combinación de factores.
Como se sabe, el programa pretendía articular una política nacional de “formación de capital humano avanzado”. Pero esta última noción quedó insuficientemente determinada desde el comienzo. Sobre esa base, se decidió financiar masivamente posgrados, incluidos magísteres, sin ninguna focalización disciplinaria. La asignación de becas, basada en un procedimiento de selección sin cuotas disciplinares, fue gobernada fundamentalmente por la demanda.