Alejandro G. Vigo: “Humanidades, sin sublimación”

Carta al director publicada en El Mercurio por el profesor titular de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de los Andes.

Señor Director:

Si de verdad las humanidades aspiran a contribuir al pensamiento crítico, lo que menos necesitan y menos podrán justificar es la ausencia de toda autocrítica por parte de quienes las cultivan.

Esa inexcusable autocrítica deberá comenzar, necesariamente, por la renuncia al expediente de evitar discutir la realidad de lo que hoy se hace y ofrece en nombre de las humanidades por medio de la apelación a su idea, esgrimida como escudo de defensa que todo lo cubre. La sublimación por vía de esencialización, para usar una expresión de Habermas, bloquea de antemano la posibilidad de una ponderación ecuánime.

¿Cuál es el nivel de calidad de la actual oferta académica en el ámbito humanístico? ¿Cuál es el nivel medio de exigencia en las materias correspondientes, comparado con el de otras áreas, y qué relación guarda con las notas que se conceden? ¿Qué hay de la calidad de las tesis y los proyectos de investigación? ¿Se puede evadir la discusión de estas y otras muchas cuestiones del mismo tipo? ¿Ayuda realmente a las humanidades el intento de evadirla a través del recurso a la defensa corporativa o la exaltación retórica de la propia prosapia?

Me entero, con asombro, de que las humanidades y las ciencias sociales han logrado captar la friolera del 61,3% de las 12.589 becas otorgadas en la historia del programa de Becas Chile, muy por delante de áreas como ciencias naturales (17,8 %), ingeniería y tecnología (10,1%), ciencias médicas y de la salud (7,3%), etcétera. Me pregunto si semejante desbalance no resulta estridente, por no decir escandaloso, para cualquiera, también para quien, como es mi caso, ama las humanidades y les ha dedicado su vida.

Reconocer lo obvio, pienso, no necesita ser signo de desafección y, en ocasiones, puede ser expresión de amor verdadero.