Agustín Squella: “Un Quijote de capa caída”

El académico de número reflexiona sobre el final del libro Don Quijote de la Mancha, en su columna de El Mercurio.

No siempre una novela toca a su fin en el mismo momento en que lo hace el personaje principal del relato. No fue ese el caso de Don Quijote, puesto que el final les llegó juntos: al concluir la segunda parte de la obra de Cervantes, el Quijote enferma y muere. Pero lo hace recuperando la cordura y su antiguo nombre, Alonso Quijano, mientras su confesor le recomendaba que “atendiese a la salud de su alma, porque la del cuerpo corría peligro”.

Sancho, su compañero de andanzas, aportó también lo suyo al momento de la enfermedad y muerte de su amo, al que acompañó junto a su esposa con total fidelidad, aunque la gran contradicción del hidalgo caballero fue que terminara abominando de los libros de caballería. No solo volvió a su nombre original y a una pretendida cordura, sino que renegó del tipo de novelas que él había celebrado y hasta protagonizado. ¿Se avergonzó finalmente Don Quijote de sus andanzas y quiso hacer alarde de corrección al momento de dejar este mundo? ¿Tuvo en su final un giro no solo hacia la cordura, sino, en lenguaje actual, hacia la “corrección política”? En sus últimos instantes, ¿no habrá tratado Don Quijote de enmendarse y mejorar su imagen?

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