En su columna de El Mercurio, el académico de número reflexiona sobre los desafíos filosóficos, éticos, jurídicos y políticos que plantea el avance de la inteligencia artificial.
Tratándose de inteligencia artificial, que es un asunto que interesa y compromete a todos, el punto ahora es si las aplicaciones de esta tecnología se volverán o no conscientes de sus resultados. Todos los animales son sintientes y quizás todos tienen a la vez algún grado de conciencia, partiendo, en el caso de los humanos, por conseguirla acerca de nosotros mismos.
Además de sintientes, ¿podrían algunos productos de la IA volverse conscientes o no pasarán más allá de un alarde o simulacro de conciencia? Esos productos son máquinas que a veces tienen forma humana, pero sabemos que no se trata de simples máquinas. El chatbot de nombre “Claude” ha sido entrenado para practicar la introspección, y esta última es la que ha conducido a los humanos a la posibilidad tanto de actuar moralmente como si no.
¿Nos espera un cambio de humanidad y no solo de época o de mundo, o se producirá tan solo una “ampliación de lo humano” que, en verdad, igual no sería para nada poca cosa? Los estudios sobre el cerebro humano están lejos de haberse completado y la artificialidad también podría alcanzar a este complejísimo órgano; por ejemplo, produciendo e instalando neuronas artificiales en el cuerpo de los humanos.
Cambio o ampliación de lo que consideramos “humanidad”, pero ¿hasta qué punto? Aún no lo sabemos.