Agustín Squella: “¿Guerra cultural?”

El académico de número cuestiona el uso del término “guerra cultural”, en su columna de El Mercurio.

Hay expresiones del lenguaje que se vuelven muy habituales. “Guerra cultural” es una de ellas, o “batalla cultural”, o “guerra de las ideas”. No estamos pensando en Putin ni en el Estado de Israel. Estas últimas son guerras clásicas, en forma, con uso de abundante armamento y con el objetivo de acabar con algún Estado o facción enemiga, ocupar territorios y apropiarse de la riqueza del país derrotado.

Cuando se habla de “guerra cultural”, en cambio, nos referimos a otra cosa, no a una lucha armada entre dos naciones o bandos de un mismo país, sino a un conflicto o enfrentamiento de tipo cultural. En la antedicha expresión, dejemos pasar la inadecuada palabra “guerra” y fijémonos en el término “cultural”.

La palabra “cultura” tiene varios significados. Una acepción muy común, restringida, es la que concierne a todo cuanto tiene que ver con la creación, producción y difusión de las artes; y otra, muy amplia, alude a todo lo que resulta de la acción conformadora y finalista de los seres humanos, a todo lo que estos hacen o conforman para que cumpla alguna función y finalidad determinadas, a todo, en fin, lo que hombres y mujeres han sido capaces de colocar entre el polvo y las estrellas. Todo. Desde las comidas que se preparan hasta las ciudades que se construyen; desde una simple caña de pescar hasta los grandes terminales pesqueros; desde la invención de la bicicleta a Internet.

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