Agustín Squella: “¿Estoicos o epicúreos?”

En su columna de El Mercurio, el académico de número reflexiona sobre dos corrientes filosóficas que proponen caminos distintos para alcanzar la felicidad.

Ambos prometieron felicidad, pero si unos creyeron conseguirla por medio de la virtud, los otros lo hicieron por vía de los placeres, tal si se tratara de caminos opuestos y que se excluyen entre sí. Por lo mismo, se trata de un buen y antiguo ejemplo de doctrinas rivales —más aún, opuestas—, cada una de ellas con sus propios maestros —antiguos griegos y romanos—, disputándose a quienes podrían ser fichados como discípulos de unos u otros. Sin embargo, y salvo casos extremos, y posiblemente patológicos, algunos estoicos y epicúreos cortaron por lo sano: aquellos no rechazaron todo placer, mientras los segundos supieron entregarse a los placeres de manera selectiva.

El objetivo de tales doctrinas es el mismo —la esquiva e improbable felicidad—, aunque, y según mi parecer, no sería factible conseguir esta por un solo y único camino, sino combinando ambos en las dosis apropiadas. No se trataría de optar entre uno y otro, sino de juntar los caminos. Híbridos, anfibios, póngaselo como se quiera, y lo ideal sería tomar lo mejor de la vida y no ir por esta como si todos estuviéramos hechos de una sola pieza: o virtud o placer.

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